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Anécdota de gracia

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Desafíos flamencos

"Eran aquellos desafíos nobles, encuentros donde se ponían a prueba la valía y la elegancia de las personas. Tuvieron en ocasiones gran repercusión, y daban lugar a incidentes en los que se manifestaban un amor y una intransigencia a ultranza por lo que se consideraba derecho y esencia del cante. Muestra de aquellos fué el que tuvo lugar en el Pasaje del Duque, de Sevilla. Se desafiaron a cantar don Antonio Chacón, la Niña de los Peines y su hermano Tomás Pavón, y les tocaba a todos ellos Ramón Montoya. Se dice de los que presenciaban y pagaban el desafío que fueron testigos de lo siguiente: La Niña de los Peines, su hermano Tomás y el "tocaor" Montoya eran gitanos. Don Antonio Chacón, payo. El "tocaor" se inclinaba por los de su raza y parece que con su toque quería ayudarles a entorpecer a Chacón, que era el que esta "pegando". Chacón se da cuenta del engaño, se levanta, arrebata la guitarra a Montoya y reprueba su actitud. Se forma el consiguiente revuelo, se marcha Chacón y, al hacerlo, uno de los que presenciaba la cuestión, considerando que Chacón era el triunfador, intenta detenerlo no lo consigue y entonces saca un billete de mil pesetas (un capital en aquel entonces), y se lo entrega a Chacón, y éste, caballerosamente lo rehusa. Dice: que se lo den al "tocaor". Con ello le humilla Caracol  ún más".

"El del bulto" y el ascensora

Como ya se ha comentado, del padre de Caracol se cuentan muchas historias, todas ellas llenas de gracia, esa gracia tan natural que ha sido siempre tan celebrada por los que le trataron.

"Cuentan que una vez iba en un ascensor nada más que con mujeres, cuando se paró de golpe el ascensor, que se escacharraría de pronto, y empezaron todas las mujeres a gritar y a ponerse histéricas, al ver que aquello no andaba y que no podían salir de allí:
-¡Ay, qué miedo, que nos vamos a quedar aquí encerradas, que se va a caer el ascensor.
Y Caracol las tranquilizó a todas y les dijo:
-Quietas todas y callarse ahora mismito, que yo entiendo de esto, que esto lo arreglo yo...
-Ay, menos mal...
-Ahora mismo arreglo yo esto, tranquilas...
Y abrió la puerta así como pudo, y con aquel vozarrón, gritó por todo el hueco del ascensor:
-¡Socooooooorro!.

Macabro

La gracia hasta cierto punto. A partir de ahí pueden presentarse situaciones que, con términos muy suaves, se le puede llamar "humor negro". Esto fue lo que ocurrió en un cementerio sevillano:

"Entre los artistas que acompañaban al cementerio a la Niña de Antequera, tras su muerte por accidente, figuraban, entre otros, Freguenal y El Sevillano. Manolo Freguenal siempre fue de una constitución física delicadísima; su acusada delgadez recordaba al tísico característico, aunque creo que no fue nunca esa su enfermedad. Y ocurrió que, ya de regreso el grupo por la vía central del cementerio, y bajo un sol de plomo derretido, El Sevillano, viendo al pobre Freguenal cansado y sudoroso, le aconsejó con grave seriedad:
-"Manolo, tú ya debías de quedarte aquí. ¿Para qué te vas a volver con nosotros?".

Los golpes de Manuel Torre 

Siempre se ha presentado la figura de Manuel Torre como el cantaor genial que fue, pero nunca se ha hecho referencia a él como un cantaor gracioso. No obstante, algunas veces tenia sus ocurrencias. Por ejemplo:

Sentado Manuel con unos amigos dispuestos a escuchar cantar a un "Cobito" joven y nervioso, y esperando que éste se "arrancara" de una vez y dejara de carraspear y mirar al tocaor, exclamó algo aburrido y por la bajo: "Cuando este muchacho empiece a cantar va a deber un mes de casa.

Del duro

Actuábamos en un colmado de Facinas, un pueblecito del campo de Gibraltar, cuando a la hora de pasar la bandeja llegó un señor muy borracho y nos echó un duro. Figúrese la alegría que nos entró a nosotros. Entonces nadie daba tanto dinero, y aquello suponía para los tres una fortuna. Como se trataba de un "acontecimiento", en seguida le hicimos a tan espléndido espectador una gran fiesta, que duró cerca de una hora. ¡Cuál sería nuestra sorpresa cuando al día siguiente vimos entrar en la posada donde estábamos al borracho de la noche anterior reclamándonos el duro! Alegaba que por estar "algo bebido" no se había fijado muy bien en lo que daba. Como es natural, el duro no se lo devolvimos, y el hombre, después de armar "su jaleíto", se marchó por donde había venido. 

"La Zubiela"

"La Zubiela" era un afeminado gaditano, con mucha gracia, que salió de la "tacita de plata" para buscarse la vida por esos mundos. Allí donde estaba no se perdía un espectáculo flamenco, pero siempre sin pagar un céntimo. Bien es cierto que su simpatía y el conocimiento de algunos artistas le facilitaban algunas veces su acceso al teatro sin pasar por la taquilla. Estando en Barcelona tenia interés en cierta ocasión de ver uno de esos espectáculos flamencos que se daban en dicha ciudad y para conseguir su deseo recurrió al procedimiento de siempre: "Aquella noche al portero del teatro donde actuaba Juanito Valderrama no había modo de disuadirlo con razón alguna. De ninguna manera se dejó convencer por los mil argumentos, súplicas y explicaciones del de Cádiz. Por fin, viendo que no había manera, lo último que se le ocurrió fue esto:

"Mire usted, le voy a decir la verdad; yo no vengo a escuchar a Valderrama, yo lo que vengo a decirle es que mañana salgo para Japón, por si quiere algo para su  familia

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Comentarios Anécdota de gracia

Curiosas las anecdotas que nos cuentas, no habia oido hablar de ellas ;)
Un saludo.

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